El 94 % de las empresas que participan en este barómetro consideran que el incumplimiento de los plazos de pago es gravísimo, ya que pone en peligro la propia supervivencia de la empresa. Y la situación en septiembre de 2017 no es nada tranquilizadora, con un empeoramiento de los retrasos en los pagos de las pymes hasta los 14,5 días (frente a los 11,8 días de 2016). Cabe señalar que, al mismo tiempo, las grandes empresas registran una disminución media de sus retrasos en los pagos (9,6 días de retraso en 2017 frente a 10,4 días en 2016). Lo que resulta aún más preocupante para las pymes es la magnitud de los retrasos, con un aumento de los retrasos de más de 30 días, que pasan del 4 % al 11 %.
Las grandes empresas tampoco se libran de esta tendencia, ya que los retrasos de más de 30 días han pasado del 9 % al 20 %. Sin lugar a dudas, las empresas deben reaccionar para exigir mayor rigor a sus clientes a la hora de pagar. Por desgracia, esto suele ser una quimera si se tiene en cuenta, como afirma el 65 % de las empresas encuestadas, que son sus dificultades de liquidez las que les llevan a retrasar sus pagos.
La respuesta hay que buscarla en cada empresa, profesionalizando la gestión de la cartera de clientes para mejorar el rendimiento y poner fin a las prácticas dilatorias. También es fundamental encontrar formas de optimizar la financiación de la tesorería de las microempresas y pymes, sobre todo en este periodo de recuperación económica.
